Continuamos...
Conforme avanzabamos por la cañada, poco a poco descubríamos vistas más memorables, sino observen esta:

Ahí donde sólo los halcones se atreven, en esas peñas por todo lo alto, es de donde se desprendió la roca que encontramos al principio del camino.
Y que les parece esta postal del riachuelo:

Verdaderamente nos sentíamos extasiados de tanta belleza.
¿Alguién quiere raíces y musgo?

Bueno, la verdad es que no son de un ambiente acuático, pero no podía dejar de mostrarles algo de esta natural belleza.
A cada paso que dábamos, la vegetación se cerraba aun más:

Para uno que vive en la selva de cemento y asfalto, creánme que es muy emocionante andar por estos lugares.
Observen que plantas tan frondosas y sanas:

Y sin necesidad de fertilizantes. No cabe duda que la madre naturaleza es muy sabia.
Para estos momentos, río arriba, el cauce había reducido bastante sus dimensiones:

No por ello dejaba de ser menos bello el ambiente.
Llegamos a un punto donde se hacía necesario regresar:

No sin antes tomar una postal más de la esplendorosa vegetación.
Después del recorrido, Ktulu estaba ansioso de retornar a la civilización, pues creo que aun tenía que ir a reportarse, es decir tenía que ir a chekar tarjeta


Miren nadamás el cariño con el que abraza la roca, de plano se la quería llevar a su casa.
O ¿Estaría haciendo otra cosa?

Bueno, pues así concluyo con este relato de nuestra travesía a través del "Parque Los Dinamos".
Ktulu y un servidor acordamos que tenemos que regresar de nuevo, pues aun hay muchas cosa que ver y recolectar en esta fabulosa zona boscosa.
Hasta la próxima y espero que en un futuro se les quite lo aguado
